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miércoles, 12 de enero de 2011

Un Secreto Descubierto (Capitulo 3)

Siento mucho haber tardado tanto en subir el capitulo, es que no tengo internet en casa y no puedo subirlos tan amenudo como querria. Espero que os guste y un beso.


Apareció una mano en medio de ellos.
-No ves que no quiere nada contigo.-Dijo Alejandro.
-¡Alejandro!-Pensó emocionada.
-¡Alejandro no te metas! No es asunto tuyo.-Dijo Adrian enfadado.
- Si lo es. La estas obligando a hacer algo que no quiere.-Dijo poniéndose entre Adrian y Aerdna.
-¿Y qué te importa? ¿Qué es ella para ti? ¿Eres su novio? Que yo sepa no lo eres, asi que no te metas.
- Yo soy… Yo… Yo soy su amigo, y ¡¿Qué hago dándote explicaciones a ti?! De todas formas déjala.
-No quiero, ¿quieres pelea?
-Por mí de acuerdo.
Alejandro cogió a Adrián y empezó a darle puñetazos.
-¡Parad ya!
Alejandro se distrajo mirando a Aerdna y Adrián le pego un puñetazo a Alejandro.
-¡Alejandro!-Grito.
Aerdna noto una rabia en el cuerpo, y oyó una voz.
-Dilo, dilo, di esa palabra que te pasa por la cabeza, haz esos movimientos que se te pasan por la cabeza, dilo, hazlo.-Decía una voz.
- Pèu (Paz).-Dijo Aerdna haciendo unos movimientos con las manos.
De repente aparecieron unas raíces gigantes del suelo y cogieron a Alejandro y a Adrián y los separaron.
-¡¿Qué demonios es esto?!
-¿Qué es esto? ¿Lo he hecho yo? ¿De quién era esa voz? era una voz atrayente dulce, amable, parecía la de una mujer.-Pensó.
-¿Aerdna, que está pasando?
Las raíces se descontrolaron y apareció otra raíz y cogió a Aerdna.
-¡Aerdna!-Grito Alejandro.
-Se han descontrolado, por favor ven, sálvame, sálvame… ¡Kazuo!-Pensó.
Mientras en la época feudal.
Kazuo oyó la voz de Aerdna llamándolo.
- Aerdna me llama, está en peligro.-Dijo Kazuo levantándose de una silla.
-¿Pero cómo lo sabes?-Pregunto Lucas extrañado.
- No lo sé, pero lo sé. ¿Dónde está Aerdna?-Pregunto preocupado.
-Aerdna no está aquí, está en su época.
-¡Pero debe haber alguna forma de ir allí! ¿No?-Le grito cogiéndolo por la camiseta.
- Si la hay, pero solo pueden pasar los elegidos, y si no lo fueras morirías.
- Me da igual, llévame allí.
- Es en el pozo al lado del árbol sagrado. Te lleva-
Antes de que Marcos acabara la frase Kazuo dirigió al pozo. Kazuo llego al pozo.
- Por aquí es donde se pasa a la época de Aerdna-Dijo. Me da igual si muero, ella es la única que ha creído en mí, la primera persona que no se asusto por mi apariencia, se lo debo.-Pensó. Aerdna voy a salvarte.-Dijo.
Kazuo se tiro al pozo.
Mientras en la época actual. Aerdna estaba boca abajo cogida por una raíz gigante y teniéndose la falda.
- Oye que llevo falda, se una raíz buena y déjame bajar.
Al decir eso la raíz se movió mucho.
- Vale, vale, no he dicho nada. De todas formas no se esta tan mal aquí.-Dijo.- Tengo que hacer algo, Alejandro y  Adrián están en peligro y encima no se me pasa ninguna palabra por la cabeza. Por favor, voz de antes dime algo para salvarlos.-Pensó.
- Aerdna tranquila, yo te protegeré.-Dijo Alejandro desde la otra raíz.
- Alejandro…-Suspiro Aerdna.
-Nadie os va a salvar, y menos un humano insignificante.-Dijo una voz tenebrosa.
-¿Quién eres tú?-Pregunto Adrian.
De repente salió del suelo una flor, con los pétalos de color negro.
-¿``Tu´´? ¿Qué derecho tienes a llamarme ``Tu´´?-Dijo la planta.
-La...la planta… ha… hablado…-Tartamudeo Adrian asustado.
- Niñato insolente. Tus amigos pagaran por llamarme de ``Tu´´
La planta empezó a comprimir a Aerdna y sus amigos.
- Mierda la planta ha hablado y encima nos está estrujando, ¿pensara que somos limones? Duele mucho, no podre aguantar mucho más.-Pensó. Si estuviese aquí Kazuo… -Dijo.
De repente se oyó una voz en lo alto del colegio.
-¿Me llamabas?-Decía una voz masculina.
-¡Kazuo!-Gritó sorprendida. Mierda Adrián y Alejandro, si lo ven se asustaran.-Pensó.
Aerdna miro a Alejandro y a Adrián, estaban desmayados.
- Menos mal. Seguramente sean desmayado del dolor.-Pensó
- Veo que te lo estas pasando bien, no quiero interrumpir.-Dijo Kazuo
-¡¿Pero tú estás tonto o que te pasa?!-Gritó. Como siga comprimiendo no aguantare, Alejandro y Adrián ya se han desmayado.-Pensó.
- La Furawādiaboro es un demonio que si no es invocado mal no aparece y en la época de Aerdna se supone que no hay demonios asi que ha sido culpa del marimacho.-Pensó.
- Kazuo ayuda a mis amigos, no te preocupes por mí salva los a ellos.
- Pero de que hablas si no puedes aguantar más.-Dijo. Tengo que pensar algo para que Aerdna y sus amigos no sufran tanto. Ya lo tengo ``eso´´ que me dio. –Pensó
Anteriormente…
Kazuo oyó la voz de Aerdna llamándolo.
- Aerdna me llama, está en peligro.-Dijo Kazuo.
-¿Pero cómo lo sabes?-Pregunto extrañado Lucas.
- No lo sé, pero lo sé. ¿Dónde está Aerdna?-Dijo preocupado.
-Aerdna no está aquí, está en su época.
-¡Pero debe haber alguna forma de ir allí! ¿No?
- Si la hay, pero solo pueden pasar los elegidos, y si no lo fueras morirías.-Le explico.
-Me da igual, llévame allí.
- Vale, pero toma esto.
Lucas le dio a Kazuo un colgante con una piedra en color rosa.
- Esta piedra tiene una técnica oculta, con esta piedra Aerdna podrá liberar casi todo el poder que tiene y podrá saber algunas técnicas ocultas que no sabía. Dáselo y que diga…
Actualmente…
Kazuo se saco la piedra del bolsillo.
-¡Oye marimacho!-Gritó.
-¿Qué?-Dijo con la respiración entrecortada.
-¿Tienes alguna mano que puedas moverla?
- La mano derecha puedo moverla un  poco.-Dijo moviéndola un poco.
- Pues toma.
Kazuo le lanzo el collar.
-¿Esto qué es?-Dijo cuando cogió el colgante.
-Ahora di Chie-Dijo. Espero que funcione-Pensó.
- Chie
Aerdna se ilumino.
-¿Esto qué es? Veo muchas palabras, palabras que no había visto nunca, lo más raro es que las entiendo.-Pensaba Aerdna mientras en su mente pasaban algunas palabras.
La Furawādiaboro notaba que se quemaba en la raíz que estaba Aerdna.
- Mierda, me quema.
Kazuo estaba impresionado no se podía explicar cómo Aerdna tenía tanto poder.
- Es increíble. ¿Cómo una humana puede tener tanto poder? Y pensar que aún le queda más de la mitad que no ha sacado-Susurro. Con un buen entrenamiento puede ser hasta mejor que la primera Hokage.-Pensó.
La Furawādiaboro notaba una sensación de calor en la raíz que sostenía a Aerdna.
- Jutsu Dragón ardiente-Dijo Aerdna.
La raíz que sujetaba a Aerdna se quemó.
-¡AH!-Grito de dolor.- ¡¿Quién te crees que eres para hacerme esto?!
Aerdna padecía un estado de inconsciencia
- Jutsu Alas plateadas
A Aerdna empezaron a brotarle por la espalda unas majestuosas alas plateadas.
- Estoy impresionado, ¿como una niña tiene tanto poder?-Pensó.
-Jutsu Dragón ardiente.-Al decirlo de sus manos broto una pequeña cabeza de dragón.
Aerdna lanzo la cabeza de dragón, que cuanto más se alejaba de Aerdna mas grande se hacía, al igual que el  cuerpo, y fue hacia la Furawādiaboro y empezó a quemarla.
-Que bueno, una niña que haya podido contra la Furawādiaboro en solo dos ataques, estoy impresionado.-Pensó.
Cuando la Furawādiaboro se quemo por completo, a Aerdna se le desvanecieron las alas. Kazuo se dio cuenta que caía y fue hacia ella, la cogió.
- Bien hecho Marimacho. –Dijo antes de darle un beso en la frente.
Al día siguiente, Aerdna estaba en la cama y se despertó confusa por no saber qué había pasado. Al levantar la cabeza del almohadón vio que Kazuo estaba allí, con el cabeza en la cama, sentado en una silla y parecía que había estado al lado de ella toda la noche.
- No sé qué es lo que paso ayer después de que dijera esa palabra, pero este momento me gusta. Nunca me había fijado, pero Kazuo es muy guapo.-Pensó mientras lo miraba fijamente y jugaba con el pelo de él.
Al notar el movimiento de su pelo Kazuo se despertó, pero Aerdna se dio cuenta a tiempo y antes de que la viera, se hizo la dormida.
-¿Aun está dormida?-Dijo mientras le subía el parpado para arriba y la movía un poco.- Aun que es normal, después de todo ha gastado mucha energía de golpe. Descansa, que lo hiciste muy bien.-Dijo mientras le acariciaba la cara a Aerdna.
Aerdna notaba una sensación cálida en el pecho y empezó a ponerse roja.
-¿Que es esta sensación? Mi corazón va a mil.-Pensó.
- Esta roja, ¿tendrá fiebre?-Dijo mientras se acercaba su frente para ver si tenía fiebre.
A Aerdna le latía cada vez más el corazón.
-Como siga asi no voy a aguantar durante mucho tiempo más.-Pensó.
De repente una zapatilla le dio en la cabeza a Kazuo.
-¡¿Pero qué crees que haces, aprovechándote de la Hokage mientras duerme?!-Dijo Marcos apareciendo por la puerta.
- Muchas gracias Marcos.-Pensó aliviada.
-¡¿Tú eres tonto o te falta poco?! ¡¿Cómo piensas que me voy a aprovechar de ella?! ¡Piénsalo, es una ordinaria, cotilla, pesada, huele fatal, no es para nada femenina y es como cualquier humano!
-¿Tu estas bien? La Hokage no es así, es amable, se preocupa antes por los demás que por ella, es guapa, inteligente, deportista, huele bien y es diferente a ``cualquier humano´´.
- Gracias Marcos.-Pensó Aerdna.
-¿Pero qué hablas? Tú te has confundido de persona, ella solo piensa en ella y en qué pensaría la gente, es tonta, fea y como he dicho es como cualquier humano.
-Bueno, a lo mejor tienes razón en algunas cosas…-Cedió al final Marcos.
Aerdna estaba cabreado por lo que estaba oyendo, se cabreo tanto que se levantó de la cama. Kazuo y Marcos estaban temblando al ver que Aerdna se levantaba de la cama y más al verle los ojos, se le habían puesto de color rosa.
-¡¿Así que soy ordinaria, cotilla, pesada, con mal olor, poco femenina, no pienso en los demás, soy fea y soy como cualquier humano?!
- Señorita, nos ha entendido mal, nosotros queríamos decir la anterior Hokage.-Dijo con voz temblorosa Marcos.
-Claro, como yo la conocí y Lucas no le estoy explicando cómo era.-Dijo muerto de miedo.
- Chicos.-Dijo sonriendo.
-¿Si?-Dijeron los dos suavemente.
- Jutsu Dragón ardiente.-Dijo con una sonrisa maliciosa en la cara.
Kazuo y Marcos se pusieron a dar vueltas a la habitación para que no les tocase las llamas.
- Oye Aerdna, ¿desde cuándo te sabes ese Jutsu o alguno?-Dijo Kazuo mientras corrían.
-¿Esto era un Jutsu?-Pregunto.
- Que bien señorita ya sabe un Jutsu gracias a la piedra mágica.
-¿Cual este collar con una piedra?-Dijo señalando el collar de su cuello.
- Si ese es el collar que te lance ayer.
- No me acuerdo de nada, después de ver muchas palabras.
Por la puerta apareció Lucas.
- Aerdna tienes que bajar que tu abuelo quiere hablar contigo.-Dijo Lucas.
- Vale.
- Y vosotros parar de hacer el idiota.-Dijo mirando a Kazuo y a Marcos.
-¡Podrías ayudarnos!-Gritaron.
- A Kazuo te dejo a Ái mientras estoy con mi abuelo, está durmiendo en su cesto.
- Vale, ¡pero ayúdanos con esto!-Decía mientras escapaban.
- Lo siento, pero no sé cómo se para, adiós.-Dijo mientras salía por la puerta con Lucas.
-¡¿Cómo?!-Gritaron.
Mientras Marcos y Kazuo intentaba librarse del Jutsu, Aerdna bajo a ver que quería si abuelo.
- Aerdna me alegro de que te hayas despertado, pero tienes obligaciones que cumplir como futura Hokage.
-Sí, abuelo lo sé. Abuelo ¿qué tal están Alejandro y Adrian?-Pregunto preocupada.
-Están bien, yo tuve que ir a nuestra época para hacerles un Jutsu para que lo olvidaran todo.
-Menos mal.-Dijo en un suspiro.
-¿Cuándo tienes vacaciones?-Dijo cambiando de tema su abuelo.
- Pues a partir de mañana tengo 15 días de vacaciones porque hay unas fiestas allí. ¡Mañana!-Se sorprendió. ¡No me acordaba!
- Bien, entonces las fechas me cuadran.
-¿Cómo que te cuadran?-Pregunto sorprendida.
- Aerdna tienes que ir a la Villa Estrellada para reunirte con su Hokage y hacer un pacto de paz.
- Pero abuelo, yo aún no soy Hokage.
- Ya lo sé, pero te tienes que venir conmigo para así aprender cómo se forma pactos entre villas.
- Pero abuelo, son las vacaciones, se supone que son para descansar, no para trabajar.
-¡Aerdna! ¡Eres la futura Hokage tú no tienes vacaciones!-Dijo enfadado.
- Ya lo sé, pero yo no elegí esto.-Susurro.
-¡¿Qué has dicho?!-Dijo enfadado.
-Nada, nada.-Dijo muerta de miedo.
- Eso pensaba.
- Bueno abuelo si has terminado, tengo que ir a coger a Ái que la he dejado con Kazuo y se llevan como el perro y el gato.
- Vale, ve antes de que Kazuo la haga al ajillo.
- Sí.
Aerdna subía las escaleras para ir a su cuarto con cara decaída.
-¡Conejo de las narices! ¡Suéltame la nariz!-Gritó.
-¡Kya!
- Estos dos siempre están igual.-Pensó.- Ái cariño ya he terminado.-Dijo suavemente.
Ái al oír la voz de su dueña soltó la nariz de Kazuo y fue hacia Aerdna. Aerdna cogió al vuelo a Ái.
-¿A qué viene esa cara? Parece que vienes de un entierro.-Dijo tocándose la nariz.
- Kazuo, ¿tú nunca te has sentido como si organizaran tu vida sin tu consentimiento?
- La verdad es que sí, yo no elegí ser semi-demonio.-Dijo apenado.
- Hay Kazuo, lo siento… yo no quería…
- No tranquila, pero sigue.
Aerdna se dirigió a la cama para sentarse al lado de Kazuo.
- Es por mi abuelo, yo lo quiero mucho, el problema es que yo no quería ser Hokage. Yo quería ser una chica normal, conseguir un novio normal, conseguir una beca para la universidad con el equipo de baloncesto y estudiar interiorismo. No ser una chica con poderes extraños, teniendo un montón de responsabilidades y todo eso.-Dijo a punto de llorar.
Kazuo le cogió la cabeza a Aerdna y se la puso en el hombro derecho de él.
- Si tienes que llorar, llora, si tienes que reír, ríe. Pero piensa en la gente que te admira, la que tiene esperanzas en ti.-Dijo suavemente.
- Tienes razón, muchas gracias por hablar conmigo.-Dijo secándose las lagrimas con la manga de la camiseta.
- Bueno, pues si ya está todo me voy.
Aerdna le cogió de la túnica blanca a Kazuo.
- Quédate un poco más conmigo, así como estábamos.-Dijo con los ojos llorosos.
-E… Está bien.-Dijo sonrojado. Pe… Pero no te acostumbres.-Dijo haciéndose el duro.
- Gracias.
Tras estar unos minutos así Ái se puso celosa y le mordió la nariz a Kazuo.
-¡Ah, ah, ah! ¡Maldita coneja del demonio!-Dijo cabreado. ¡Cómo te pille te hago a la brasa!-Dijo mientras Ái se fue al hombro de Aerdna.
-¿Ái cómo se te ocurre?-Le riño.
-¡Como te pille…!-Dijo Kazuo cabreado.
- Venga Kazuo, que es un bebé.
-¡Un bebé, un bebé!
- Por favor.
Kazuo no pudo llevarle la contraria al ver la cara de Aerdna.
- Bueno vale, pero como lo vuelva a hacer la hago a la brasa.
- Gracias.
A Aerdna bostezo.
- No sé pero tengo mucho sueño.-Dijo estirando los brazos.
- Normal, tienes que recuperar energía, anda  duerme, que son las 9 de la noche, mañana tendrás que ir a la escuela.
-Vale.-Dijo mientras se acostaba-. ¿Kazuo te puedes quedar hasta que me duerma?
- Venga, vale.-Dijo.- Ahora me da miedo decirle que no.-Pensó.
Kazuo se quedó toda la noche con Aerdna mirándola.
- Tiene gracia, y pensar que un semi-demonio este al lado de una Hokage. Yo antes no aguantaba a la anterior Hokage, Karen.
Kazuo empezó a recordar una escena de hace 100 años.
Kazuo y Karen estaban en el bosque, al lado del pozo. Kazuo estaba escondido arriba de un árbol.
- Kazuo, sé que estas hay. No hace falta que te escondas.-Dijo una muchacha de la misma edad de Aerdna, de pelo marrón y ojos verdes.
-¿Cómo lo sabías?
-¿Qué pensabas tú? Una no es Hokage por nada.
- Pues a ti seguro que te dieron ese cargo en una lotería.
- Que gracioso. Ya estamos intentando atacarme otra vez, no entiendo porque quieres matarme.
Kazuo se quedó callado.
-¿Has visto que buen día hace?-Dijo Karen mirando al cielo.
- ¿Uh?
-: Kazuo tú quieres ser un demonio completo, ¿verdad?
-Sí pero ¿Qué tiene que ver el tiempo con querer ser un demonio completo?
- Que si fueses un demonio completo no disfrutarías de días como estos. ¿Por qué quieres ser un demonio completo?
- Para-No pudo terminar de decir la frase.
Aerdna se despertó.
- Kazuo ¿te quedaste toda la noche?-Pregunto mientras se rascaba el ojo izquierdo.
-Sí.-Dijo Kazuo pensativo.
-¿Qué hora es?-Pregunto alarmada.
-Tranquila son las 07:00 de la mañana, te iba a despertar para ir al colegio.
- Bueno Kazuo yo me voy a levantar.
- Vale.
Kazuo tuvo la mano de Aerdna cogida toda la noche.
- Kazuo, si no me sueltas la mano no me puedo levantar.
- Sí… lo… lo siento.-Dijo avergonzado.
- Tranquilo, no hace falta que te pongas así. Estas raro ¿te pasa algo?-Dijo riendo.
- No, no es nada.
- Bueno pues me voy a vestir.-Dijo mientras se levantaba.
- Vale.-Dijo aun sentado.
- Ejm. Ejm.
- A ver si estas resfriada, esa tos no tiene buena pinta.
- Ejm. Ejm.
-Hay lo siento, ya me voy.-Dijo mientras salía por la puerta.
- Que lento es este Chucho.
Aerdna se arregló y bajo a decir adiós a Lucas, Marcos, Kazuo y a su Abuelo.
- Bueno me tengo que ir, que tengo una obra de teatro y tengo el personaje principal.
-¿Pero no desayunas?-Pregunto su abuelo.
- No, voy a desayunar a casa de mis padres.
- ¿Por?-Pregunto Lucas.
- Por qué estoy tiempo sin ver a mis padres y mi madre se preocupa enseguida.
- Pues espero que te vaya bien la obra.-Dijo Marcos.
- Sí, hasta luego.
Aerdna salió por la puerta y fue al pozo para irse, cuando vio a dos niñas apoyadas en el pozo. Una tenía el pelo largo de color marrón claro y ojos marrones de unos 10 años. La otra niña de pelo corto de color negro y ojos azules de unos 7 años. Las niñas se acercaron a Aerdna.
- Señorita Aerdna me llamo Luna y esta es mi hermana Sol, nos gustaría darle algo.
Se acercó la otra niña con una flor blanca en la mano.
- Señorita nos gustaría daros esta flor, que es un trébol blanco que significa ``Piensa en mí´´ se la damos para que sepa que todos pensamos en usted y queremos que usted también piense en nosotros, porque nosotros confiamos en usted de que pueda ser igual o mejor Hokage que su abuelo.
Aerdna no se lo pensó dos veces y abrazo a las dos niñas.
- Muchas gracias Luna, Sol…-Dijo.- Kazuo tenía razón mucha gente tiene esperanzas en mí y confían en mí.-Pensó mientras soltaba a las niñas.- Gracias y podéis llamarme Aerdna no hace falta que seáis tan formables.-Le dijo a las dos niñas.
Las dos niñas sonrieron.
-¡Sí!-Dijeron sonriendo.
- Y ahora váyanse que este lugar es peligroso.
-Si.-Dijeron al unísono.
Aerdna entro en el pozo y al salir se dirigió a su casa para desayunar, ya que o había desayunado en casa de su abuelo en la época feudal.
 Aerdna entro en casa y vio todo como lo había dejado, en la entrada tenía sus llaves  de la bici encima de una pequeña mesa, como ella las había dejado. Al entrar fue directa al comedor, donde sus padres estaban desayunando, al verla los dos se sorprendieron.
-¿Qué haces aquí? Pensábamos que estabas en casa de los abuelos.-Pregunto su padre asombrado.
- He venido a veros y a desayunar con vosotros.-Sonrió.
Mientras tanto en la época feudal Kazuo se fue a la habitación de Aerdna a escondidas, ya que en cuanto Aerdna se fue Marcos y Lucas lo echaron. Al entrar por la terraza vio encima de la cama un par de papeles.
-¿Esto que será?-Se pregunto mientras los cogía.
``Romeo y Julieta´´ Ponía en grande y en negro.
-¿Qué pone aquí?-Se pregunto extrañado.
-¡¿Qué haces aquí?! ¡Te habíamos echado!-Dijo el abuelo de Aerdna entrando por la puerta.
-¿Enserio creíais que me iba a quedar parado mientras me echabais?-Pregunto Kazuo.
-Tienes razón, no sé porque me sorprendo…-Suspiro.
El abuelo de Aerdna se fijo en los papeles que tenia Kazuo en la mano.
-¿De dónde has sacado eso?-Pregunto señalando los papeles.
-Estaban encima de la cama, pero no puedo leer lo que pone.-Dijo mientras los miraba.
-Normal, aquí tenéis vuestro propio vocabulario.-Dijo.
-¿Y que pone?-Dijo interesado.
El se acerco para que se lo explicara.
-Aquí pone Romeo y Julieta. Parece ser de la obra de teatro de Aerdna.-Dijo mientras los veía.
-¿Romeo y Julieta?-Pregunto extrañado.
-Claro, aquí no sabéis ni quién es Shakespeare.-Suspiro.-Romeo y Julieta es una obra de teatro.
-Ah.
-Parece ser que se le ha olvidado a la cabeza hueca de mi nieta.-Dijo dando un suspiro.- Kazuo ¿podrías llevárselo?
-¿Por qué yo?-Se quejo.
-Porque tú eres el único que puede ir de aquí a allí.
-Pero tú también puedes.
-Yo tengo unos asuntos que resolver, si vas te dejo venir cuando quieras.
-¿Para que querría venir yo cuando quiera?
-Tú sabrás, desde que conociste a Aerdna no para de venir a visitarla.
Kazuo se puso colorado.
-Eso no es verdad.-Tartamudeó.
-Lo que tú quieras, pero tienes que ir.-Dijo dándole los papeles.
-Vale, pero me lo compensaras.-Dijo cogiendo los papeles y saliendo por el balcón.
El abuelo se sentó en la cama de Aerdna.
-No me gusta nada esta relación.-Suspiro.
En la época actual.
Los padres de Aerdna se abalanzaron a abrazarla.
-Hija nos tenias muy preocupados.-Dijo su madre.
-No nos has llamado ni una sola vez.-Dijo su padre.
-Lo siento, papá, mamá.-Dijo soltándosele una lagrima
Un chico de pelo negro y ojos verdes se levanto de la silla.
-Saludas a tus padres que has estado unos días sin verlos y no saludas a tu querido hermano mayor que lleva 3 años en Londres.
A Aerdna se le ilumino la cara y fue corriendo a abrazarlo.
-Daimon.-Dijo abrazándolo.
-Hola hermanita.
-¿Qué haces aquí, no estabas en Londres trabajando?-Pregunto separándose un poco, solo lo suficiente como para verle los ojos, esos ojos que a Aerdna le encantaban.
-Bueno, ¿quién podía faltar a la gran obra de teatro de mí querida hermanita?-dijo riendo.
-¿Entonces has venido por mí?-Dijo emocionada.
-Claro, por ninguna otra persona me hubiese tragado 1 hora de avión.-Dijo haciendo como si se mareara.
-Idiota.-Dijo mientras le abrazo de nuevo.-A pasado 1 hora de avión, con lo que el odia los aviones, para venir a verme a mí protagonizar Romeo y Julieta. Si cuando digo que es el hermano más bueno del mundo no miento.-Pensó.
-Bueno dejar de abrazaros y sentaros a desayunar.-Dijo su padre.
Aerdna se sentó encantada a desayunar. Solo había pasado 2 noches en la otra época, pero para ella habían sido como pasar 6 meses. Aerdna tenía ganas de desayunar con su familia, mientras que su madre hacia tortitas con miel y nata.
-¿Y eso que has decidido ir a vivir una temporada a casa de los abuelo?-Pregunto su hermano con la boca llena de comida.
-Es que quería estar un tiempo con ellos, ya que los tengo muy descuidados, solo iba a su casa 2 veces al mes.-Dijo un poco nerviosa.-Lo que no entiendo es como el ``maravilloso plan del abuelo´´ no sé ha descubierto.-Pensó aliviada
-Pues lo veo muy bien, ya que asi le das una alegría a los abuelo.-Dijo su madre.
-Y más a tu abuelo que estaba deseando que fueras.-Dijo su padre.
Estuvieron hablando un rato, riendo y recordando cuando Daimon se fue, pero cuando estaban a medio de la historia alguien con paso rápido entro en casa.
-Aerdna, tonta. Te has olvidado estos papeles.-Dijo un chico entrando a la cocina con unos papeles en la mano.
Aerdna se quedo mirándolo y vio que era Kazuo, miro encima de su cabeza y se le veían las orejas. No solo Aerdna se quedo mirándolo, sino que sus padres y Daimon también se quedaron sin palabras.